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Huayllabamba

El gran cacique "Ayar Machao"

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Ayar Machao, fue un Cacique originario de uno de los asentamientos tribales del extremo Nor-Oriental de Los Conchucos; asentamiento de guerreros y aventureros pertenecientes a la actual provincia de Pallasca, los que alcanzaron su máximo desarrollo entre los siglos XIII y XIV, habiendo sido absorbidos posteriormente por acción expansiva de los Incas cuzqueños, cuando los españoles ya se encontraban en América para conquistarla e invadirla.
 
Se conoce que a fines del Siglo XIV, los conchucanos fueron sometidos por el ejército inca, durante su avance expasionista hacia el norte por Pachacútec  primero, luego por Huayna Cápac rumbo a Tumibamba (Quito), siendo incorporados a esa gran cultura sin mayores enfrentamientos por haber accedido a las condiciones planteadas por los caciques locales y el gran señor cuzqueño.
 
Cuando se tuvo conocimiento del avance triunfal de las fuerzas del Cuzco comandados por Pachacútec, Ayar Machao habia bajado a los territorios de Illaurocancha entre los ríos Chullín y Rúpaj, comandando un piquete de guerreros-conchucanos. Al llegar a dichas tierras y acampar en Machajuay, se identificó ante los indios del lugar como un alto jefe militar  que tenía la misión oficial de recoger información sobre la llegada del ejército del Gran Imperio Inca, con la finalidad de prevenir a su pueblo para que adopten las precauciones de defensa de su autonomía y dominios.
 
Ayar Machao fue informado por intermedio de "indios" viajeros provenientes de Pumapampa (Pomabamba), quienes le informaron muy alarmados de que habian visto llegar a sus tierras, un ejército numeroso de hombres fuertes y armados con lanzas, hondas y pirulos, los que obligaban a someterse a su Rey. Frente a tan alarmante noticia, los acompañantes de Ayar Machao, se desbandaron muy asustados y lo abandonaron, confundiéndose dentro de los distintos asentamientos o ayllus de la jurisdicción, negándose a enfrentarse con tan temible fuerza militar.
 
Solo e impotente de poder avanzar más al Sur, Ayar Machao tampoco quiso retornar a Conchucos, presumiendo de que sería juzgado y castigado severamente por no haber dado cumplimiento a la misión que se le había encomendado,  con el agravante de haber permitido la deserción de sus acompañantes; por lo que optó por quedarse en ese lugar definitivamente olvidándose de su misión militar. Aprovechando la gran hospitalidad que le ofrecieron los naturales, utilizó su capacidad persuasiva para hacer amistad, logrando enamorarse de una de las más bellas hijas del Jefe tribal del lugar; pues fue bien visto y rápidamente aceptado, con opinión de los demás curacas, quienes acordaron unirlo en matrimonio y luego erigirlo como el nuevo Gran Cacique de sus tierras, desde el Rúpaj al Oeste, hasta las altas cumbres del Este.
 
Todos los grupos tribales de estas tierras se reunieron en una gran ceremonia, para reconocer al nuevo dirigente cacical; le ofrecieron ofrendas y regalos; le prometieron obediencia y lealtad, por lo que Ayar Machao asumió el mando total. Mientras tanto, en Conchucos lo habían dado por desaparecido juntamente con sus subalternos que también hicieron familia por esas tierras.
 
Cuando se creyó que ya todo estaba olvidado, el nuevo cacique Ayar Machao, vió con mucha pena, pasar hacia el Norte a las fuerzas militares del Inca; quienes ingresaron fácilmente a Conchucos y los sometieron sin resistencia alguna, aprovechando las bajas producidas en las filas conchucanas, como consecuencia de enfermedades tropicales contraídas en su afán de replegarse hacia las riberas del Marañón. Los mandos conchucanos trataron de resistir vanamente, la superioridad de los incas motivó una honrosa rendición, incorporándose al dominio imperial y aceptando su organización social.
 
Los dominios de Ayar Machao, también habian quedado sujetos a la autoridad del Inca, sin resistencia alguna, aceptando su condición de súbdito el incógnito desertor conchucano; quien ya habia tomado plena posesión de sus tierras, construyendo su vivienda en las estribaciones del cerro Ayán y Machajuay, que él mismo lo bautizó para eternizar su nombre.
 
Cuando los diversos grupos poblacionales de todo Conchucos se encontraban en un franco avance integrador, por efecto de la labor de los mitimaes, se tuvo noticias de la llegada de "extraños hombres blancos" (los españoles), quienes truncaron esta labor. De otro lado como coadyuvante de la situación, se difundió en toda la comarca, la noticia desconcertante de la guerra civil entre los herederos de Huayna Cápac.
 
Si bien los nativos vieron pasar tanto a Pachacútec como a Huayna Cápac en su avance triunfal, no obtuvieron información inicial de las intrigas y ambiciones surgidas entre los hijos del gran Huayna Cápac en su avance triunfal, no obtuvieron información inicial de las intrigas y ambiciones surgidas entre los hijos del gran Huayna Cápac y que concluiría con el derrumbre del Imperio; por lo tanto, permitiría el fácil acceso de los conquistadores a las "Tierras del Sol". Pese al ligero avance integrador del idioma y costumbres cuzqueños en Los Conchucos, las costumbres propias, sus creencias, ritos y culto a sus dioses comarcanos totémicos se mantuvieron latentes; los que se expresaron en su artesanía pre-inca que aún guardan en sus entrañas esas tierras como testimonio de una floreciente cultura.
 

DOMINIOS Y DESCENDENCIA DE AYAR MACHAO
 
La toma de tierras por AYAR MACHAO, luego de su matrimonio, fue considerado por los naturales como un mandato divino del Dios Wiracocha (Dios invisible), por lo que no solo lo casaron con la joven más hermosa y hacendosa hija del Curaca principal, sino que tambien le entregaron voluntariamente sus tierras, sometiéndose a su autoridad y servicio.
 
Ayar Machao, eligió como sede de su residencia y dominios, los mismos de su suegro denominado Ututo, entre Ayán y Machajuay, mandando construir la residencia cacical, ampliando la de su familia y subalternos principales; razón por la cual dichos cerros se conocen con el nombre derivado de su gran poseedor; pues en la parte de Ayán construyó su palacio, y en la de Machajuay, su fortaleza militar y tambos, así como viviendas para los familiares de su esposa.
 
Para sus construcciones utilizó enormes monolitos del lugar que hizo tallar con figuras geométricas, antropomorfas y zoomorfas; cuyos restos han sido enterrados y otros extraídos como hermosas reliquias que aún se conservan, entre ellos el "Rollo" monolítico que se encuentra en la plaza de Huayllabamba como un patrimonio del pueblo, haciendo significado un gran esfuerzo su traslado desde las alturas de Machajuay. Otro semejante se encuentra en Cutamayo y otros de menor dimensión se encuentran en domicilios particulares de Huayllabamba.
 
AYAR MACHAO, llegó a tener cinco hijos, todos varones, los que también se casaron con hijas de caciques menores o pequeños curacas locales todos súbditos de su padre. Ayar Machao, avanzado en años, distribuyó sus tierras a sus hijos, cuyas jurisdicciones tambien llevarían sus nombres. Estos hijos fueron: CIRAO, GARHUAZ, CUYOJ, AIJAR y PARGAY.
 
Las tierras del extenso territorio de lo que más tarde sería llamado ILLAUROCANCHA, fueron divididos: para Cirao, la parte Nor-Oeste, partiendo de Machajuay hacia el río Sihuas, colindando por el Norte con el Cacicazgo de Pachachín, la sede vino en llamarse CIROMARCA. Para Garhuaz, fueron designadas las tierras de Puncuyoj y Chullín, abarcando hacia las vertientes del río Chullín por su margen izquierda, la sede curacal se ubicó en GARHUASACA. Para Cuyoj, fueron asignadas las tierras de la parte Sur-Oeste, desde Contada o camino a Sihuas, Cuyojauylla, Maraybamba Abajo, Gasajpampa, Uchugaga, Huaracuy, Agüitamanga hacia el río Rúpaj o Uchumarca; la residencia de Cuyoj fue fijada al Sur de Ayán, junto al actual Caserío de GASAJPAMPA.
 
Para Aijar, fueron asignados las tierras del extremo Oriente, conocido hoy como Ahijadero, Jatun Rumi y Colcabamba; su residencia fue construida junto a la gran fortaleza denominado "Pirurohirca"; Aijar utilizó este lugar para mantener comunicación con otras tribus o cacicazgos, mediante el uso de señales con humo o pregoneros.
 
Finalmente, para su último hijo Pargay, destinó las cercanas tierras entre Ayán-Machajuay y el río Chullín, abarcando por la parte Sur hasta Cutamayo, Parobamba Chico y Huayllabamba. Pargay fijó su residencia en la sede del Ayllu perteneciente a su mujer, junto al actual Centro Poblado o Barrio de "La Florida" en el lugar llamado "Montirca", con pequeñas fortalezas en "Balcón y la cumbre de Pargay conocido como "gallo huaganga". Pargay se dedicó a la agricultura y cerámica, al igual que sus antepasados, haciendo resguardar sus materias primas de Huayllabamba, paraje de abundantes pastos y arcilla "caminito" y "shilla". Su dedicación a la arcilla hizo que floreciera su artesanía de cerámica, practicando el trueque con sus hermanos y otros vecinos.
 
Transcurrido algunos años y fallecido su padre, se supo de la fundación de Sihuas por los españoles, recibiendo la noticia de que a partir de su llegada al "Río Grande", deberán creer en Cristo y adorar la Cruz. Los habitantes, por temor a las represalias de las autoridades virreynales instaladas en Sihuas, que empezaron a visitar la zona, construyeron junto a sus templos de adoración a su Dios Trueno Wiracocha, imagenes, inscripciones y signos cristianos; tales como cruces que aún quedan en los restos de inmensas rocas calizas del extinguido y destruido templo del "Gentil de Pargay" rodados hasta la explanada de Huanchi. El trueno fue la expresión acústica de la voz de Wiracocha o "Wiragocha", Dios de Ayar Machao y de sus descendientes. El templo del cacicazgo de Pargay fue construido con enormes monolitos calizos que se conservan aún muchos enterrados, pese al tiempo transcurrido.
 
 
 
 
 

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